El enfoque de derechos, eje de la estrategia de lucha contra la pobreza

Cuando hablamos de enfoque de derechos en el ámbito de la cooperación, estamos hablando del pleno ejercicio de los derechos humanos como fin último del desarrollo, estamos considerando a las personas como agentes principales de su propio desarrollo, en lugar de receptores pasivos de productos y servicios, y estamos impulsando la participación como medio y como objetivo.

La organización CIC Batá, a lo largo de los últimos 25 años, impulsa un trabajo de cooperación internacional basado en el enfoque de derechos en países como Mozambique, Guatemala, Nicaragua o Cuba. Un ámbito de acción enfocado en el derecho a la alimentación de estos pueblos, es decir, su derecho a producir alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, de forma sostenible y ecológica, garantizando su soberanía alimentaria, vinculado, asimismo, al derecho al territorio a través de la conservación y el uso responsable de los recursos naturales.

La defensa de la igualdad entre hombres y mujeres es otro objetivo transversal perseguido en todas las acciones actuales de cooperación internacional mediante procesos de capacitación para el empoderamiento de la mujer en el ámbito local.

Este trabajo de cooperación internacional es posible gracias al compromiso, constancia y dedicación de las organizaciones locales, requisito primordial para que los proyectos alcancen los resultados previstos. En Mozambique, por ejemplo, CIC BATÁ colabora mano a mano con la União Nacional de Camponeses (UNAC), Associação para o Desenvolvimento das Comunidades Rurais (ADCR) y Centro de Teatro do Oprimido (CTO).

Una buena muestra de este trabajo de cooperación CIC BATÁ, es el proyecto Iniciativa de desarrollo comunitario participativo en las aldeas Mabauane y Tlacula en el distrito de Xai Xai, Mozambique, que han desarrollado en agrupación con Madre Coraje y en alianza con la organización mozambiqueña Associação para o Desenvolvimento das Comunidades Rurais (ADCR).

El objetivo propuesto era mejorar la calidad de vida de las familias que viven en las aldeas Tlacula y Mabauane del puesto administrativo de Chicumbane, en la provincia de Gaza (Mozambique). Para ello se trabajó en cinco ámbitos comunitarios: productivo, educativo, agua y saneamiento, sociopolítico y género.

La participación como eje de desarrollo comunitario en Mozambique

En el ámbito productivo se fortalecieron de manera continuada las capacidades de cuatro asociaciones campesinas mediante la contratación de un técnico agropecuario que prestó asistencia técnica para la mejora de la producción, capacitación de los promotores agrícolas y adquisición de insumos. Esta asistencia constante es lo más valorado por las asociaciones, un trabajo que intentan llevar a cabo los Gobiernos Distritales a través de la figura de la extensionista agraria de los Servicios Distritales de Actividades Económicas (SDAE), pero que cuenta con grandes limitaciones de personal y logística a causa de la debilidad estructural del propio estado mozambiqueño.

Se ha fomentado el modelo de producción agroecológica con la promoción del uso de biopesticidas y fertilizantes orgánicos, producción de semillas de cereales, tubérculos y hortalizas así como el uso de tecnologías sostenibles. También se han extendido métodos de procesamiento y conservación de los alimentos en silos mejorados. Se adquirieron cabezas de ganado bovino y arados para facilitar el trabajo en los campos de cultivo gracias a la tracción animal, lo que ha permitido incrementar las áreas de cultivo.

Al inicio del proyecto, las 4 asociaciones producían una media de 84,56 toneladas, alcanzando a la finalización del mismo poco más de 120 toneladas, incrementándose la producción casi un 43%.

También se entregó ganado para el fomento pecuario. La capacitación de los promotores pecuarios permite garantizar la asistencia veterinaria al ganado, no solo para el adquirido con fondos del proyecto sino también el existente en las dos comunidades, disminuyendo las tasas de mortalidad por enfermedad. Todo ello ha permito incrementar notablemente los niveles de producción de las asociaciones, lo que repercute en una mejora de la dieta nutricional de las familias así como de los ingresos, debido a la venta local del excedente gracias, entre otra cosas, a la disponibilidad de carretas para poder trasladar los productos a los mercados que existen.

En el ámbito educativo, la intervención se ha focalizado principalmente en mejorar las infraestructuras de las Escuelas Primarias Completas (EPC) de las dos aldeas.

En la aldea de Mabauane se llevó a cabo la construcción de un pabellón con cuatro aulas, tres casas para el profesorado y cuatro letrinas. En la aldea de Tlacula se construyó una oficina para las labores de secretaría y administración, así como una casa para el profesorado, gracias al material sobrante de las casas de Mabauane y el aporte de la comunidad. Las aulas construidas fueron equipadas con pupitres dobles con capacidad para 50 alumnos/as, pizarras y mesas para el profesorado. Además, se construyeron tres aulas más en cada escuela por parte del Gobierno Provincial, siendo equipadas con pupitres dobles por parte del proyecto.

Otra labor importante fue la revitalización de los consejos escolares de ambas escuelas, haciendo especial hincapié en la definición de las tareas que debe asumir así como la de cada una de las figuras que lo componen. Por último, se realizó la instalación de un vivero en cada escuela que permitió trabajar la componente ambiental con el alumnado, al mismo tiempo que se intentaba diversificar la dieta nutricional del mismo al plantar algunos árboles frutales.

La componente de agua, saneamiento e higiene comunitaria se sustentó en incrementar el acceso de la población a agua potable. Para ello se construyeron cuatro nuevos pozos con bomba manual, dos en cada aldea, de más de 30 metros de profundidad cada uno y que abastecen a más de 500 personas. Esto ha permitido reducir la distancia a recorrer por parte de la población a la mitad (500 metros) así como reducir los tiempos de espera de manera considerable. Para garantizar la sostenibilidad de dichos pozos se capacitaron cuatro comités, uno por cada pozo, encargados de gestionar el correcto funcionamiento del sistema. La cuota que cada familia paga para el uso del pozo es de 20 meticales por mes (menos de medio euro), un valor asumible por las familias que permite garantizar la compra de los repuestos necesarios en caso de avería de la bomba manual. También se conformaron comités de saneamiento del medio con la función de promover la conservación de las fuentes de agua disponibles y promover buenas prácticas higiénicos-sanitarias entre la población.

En cuanto al ámbito sociopolítico, se ha trabajado intensamente en capacitar sobre la legislación más relevante que existe en el país respecto al uso y tenencia de la tierra así como a la gestión de los recursos naturales, buscando mejorar la conciencia política del derecho al territorio. Se ha capacitado además en el funcionamiento de los consejos consultivos, principal espacio de toma de decisiones a nivel comunitario, y se ha fortalecido la participación de personas de las aldeas en los mismos. Se ha llevado a cabo también un acompañamiento a las cuatro asociaciones durante su proceso de legalización.

En relación al género se trabajó en dos líneas de acción. Por un lado con grupos específicos de mujeres, promoviendo un intercambio de experiencias con otros grupos del distrito de Marracuene en la provincia de Maputo, así como celebrando un encuentro entre las propias mujeres de las dos aldeas del proyecto para reflexionar acerca del papel que juegan en los espacios de toma de decisiones de sus comunidades, asociaciones y sus propias familias. Todo ello con el objetivo de fortalecer la sororidad, tejiendo redes de apoyo mutuo y reconociéndose en las demás compañeras.

Por otro lado, también se llevaron a cabo actividades con el objetivo de sensibilizar a las propias comunidades sobre las desigualdades de género existentes y las situaciones de injusticia que se crean. Tomando como base la legislación vigente sobre la familia, se llevó a cabo una capacitación que recogía problemas reales que acontecían en las comunidades y sus posibles soluciones dentro del marco de la ley. La metodología utilizada fue muy exitosa y permitió, de manera natural, reflejar situaciones injustas que suceden cotidianamente y reflexionar acerca de las mismas, comenzando a generar un discurso que fluya en sentido contrario a lo establecido culturalmente.

El proyecto, ejecutado durante el período de enero 2016 a diciembre 2018, ha contado con la financiación externa de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID), Ayuntamiento de Málaga y Diputación de Málaga.