El puente sobre el río Oued el Kebir. Una experiencia de desarrollo local en Tetuán

La Fundación Sevilla Acoge trabaja desde hace más de una década en el aduar de Hmamiouich, ubicado en la comuna rural de Zinat, distrito rural de Ben Karrich, Provincia (wilaya) de Tetuán, Marruecos. Allí mantienen una estrecha colaboración con la comunidad para la realización de estrategias integrales de desarrollo que abarcan infraestructuras y saneamiento, intervenciones de fortalecimiento económico, intervenciones de sostenibilidad medioambiental y educación y fortalecimiento de la sociedad civil.

Manuel Vicente Sánchez Elías nos cuenta, en primera persona, su experiencia en la puesta en marcha del primero de los proyectos en la región, un puente sobre el río Oued el Kebir, y nos enuncia las claves para un desarrollo local transformador.

OPINIÓN|Por Manuel Vicente Sánchez Elías. Sevilla Acoge

En las primeras visitas a Hmamiouch durante 2001, por parte del grupo de apoyo de Sevilla Acoge en Tetuán, se vio la disposición positiva de los campesinos de trabajar juntos en acciones de promoción. La zona sufre una gran depresión social y económica. La mayor parte de los jóvenes han emigrado, principalmente a Tetuán, España o Francia. Se mantiene una agricultura de subsistencia: básicamente se cultiva trigo, olivos y algunas hortalizas. Sus habitantes poseen además algunas vacas para consumo propio y bueyes para cultivar la tierra; apenas se ven algunas cabras y hay dispersas algunas colmenas. Casi toda la producción es para autoconsumo, salvo algunos recursos extras que obtienen de ventas muy reducidas de miel y productos lácteos. La orografía abrupta de la zona, en pleno Atlas, y la casi inexistencia de caminos de entrada o salida de la zona, hace difícil la comunicación con el entorno. Los caminos con otras aldeas hacia el interior de la montaña son relativamente fáciles, pero salir hacia los pueblos o ciudades (Zinat, Ben Karrich, Tetuán) de la provincia se convierte en un imposible durante varios meses al año: para acceder a una carretera que comunica con estos núcleos urbanos mayores, carretera que data de la época del Protectorado español, hay que atravesar a pie el río Oued el Kebir, que en época de lluvias baja con gran fuerza y caudal. Esto ha mantenido a la zona en un creciente aislamiento del exterior, al menos del exterior más urbano, pues durante buena parte del año no se podía salir más que hacia el interior de la montaña.

Los dos factores mencionados, despoblamiento y aislamiento, han ido convirtiendo a Hmamiouch en una región olvidada dentro de Marruecos y condenada a ir muriendo poco a poco.

Estos elementos nos ayudaron a decidir la intervención en la zona, además de la vinculación familiar con la zona de alguno de los miembros del grupo de apoyo (lo que procuraba contactos personales) y del dato curioso de que sus habitantes son históricamente descendientes de los árabes expulsados de Al-Ándalus (lo que nos daba desde Sevilla una cierta sintonía afectiva, simbólica).

La oferta de trabajar juntos para ver qué acciones podrían ayudar a recuperar la zona fue muy bien recibida. Los campesinos nos ofrecieron todo su apoyo y disponibilidad para aportar lo que estuviese en sus manos. A esto contribuyó que las personas encargadas de mantener los contactos y decidir qué acciones se veían como interesantes, son también marroquíes y musulmanes, el mencionado grupo de apoyo. Así pues, Sevilla Acoge decidió iniciar el trabajo y apoyar las iniciativas que fueran surgiendo. De acuerdo con el grupo de apoyo de Tetuán, se pensó en proponer a los campesinos algunos pequeños proyectos de producción a partir de los recursos propios de la zona. En concreto, se estimó que la crianza y mejora de la cabaña de cabras o la producción de miel de abejas, animales tradicionales en Hmamiouch, serían muy interesantes para empezar.

Así se comunicó a los campesinos, con la firme decisión de apoyar proyectos en estas líneas apuntadas y convencidos de que se cumplía así el carácter endógeno de un buen proceso de desarrollo local. Ante nuestra sorpresa, la propuesta fue acogida con mucha frialdad por los campesinos[1]. Tras insistirles en la conveniencia de nuestra propuesta, llegó un momento en que ellos se plantaron y nos dijeron que no les interesaba, que tenían otras prioridades. Al preguntarles por éstas, nos dijeron que antes que nada ellos querían un puente sobre el río Oued el Kebir y un camino para entrar en las aldeas. Si no se hacía eso, no les interesaban otras cosas. Nuestra mentalidad de “producción como la vía más apropiada para el desarrollo” (seguramente deformados por una noción de desarrollo esencialmente económico), sufrió un fuerte golpe, que podría traducir de esta forma: “Mientras nosotros les ofrecemos una producción organizada que les permita obtener recursos económicos, crear puestos de trabajo y aumentar el nivel de ingresos en la zona, ellos nos piden un puente y una carretera… ¡infraestructuras! No somos arquitectos, y además eso es labor del Estado marroquí”.

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Foto: Sevilla Acoge

El Puente

 En cualquier caso, y tras el primer impacto recibido que nos hizo dudar de la posibilidad de que “esta gente salga de su situación[2], decidimos seguir escuchando, intentando comprender sus razones, aunque creyésemos que estaban equivocados. Y así, de a poco, comenzamos a descubrir la significación de su postura y a entender desde qué posición vital hablaban, desde qué forma de entender el mundo, desde qué cultura en fin. Fuimos descubriendo en el otro, en el habitante de Hmamiouch con el que queríamos estrechar lazos, ya no a una persona necesitada de ayuda, sino a un ser pleno de riqueza, de oportunidades, de significados, capaz de recibir mucho y de enseñarnos enormemente… y capaz de cambiar nuestra visión de las cosas.

Esta idea que acabo de comentar está en relación con la definición de cultura que aporta Clifford Geertz: “…el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido […] la cultura es esa urdimbre y el análisis de la cultura ha de ser […] una ciencia interpretativa en busca de significaciones”[3]. Además, este intercambio de pareceres en los comienzos refleja una de las características centrales en todo proceso de desarrollo local: que es válido si genera cambio. En nuestro caso, el cambio empezó a generarse en nosotros mismos, en nuestra forma de entender el desarrollo gracias a la interacción con los habitantes de Hmamiouch.

 

Clifford Geertz: “…el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido […] la cultura es esa urdimbre y el análisis de la cultura ha de ser […] una ciencia interpretativa en busca de significaciones”

 

Para captar la profunda validez de esta definición de Geertz que incide en la cultura como constructora de significaciones, voy a intentar expresar la significación que la petición de un puente tenía para la gente de Hmamiouch, a partir de la pequeña anécdota que observamos en Sakur poco después de construido el puente. El anciano Sakur, habitante de una de las aldeas del distrito de Hmamiouch, es uno de los más impactados por la construcción del puente. Desde niño ha cruzado centenares de veces el río, cada vez que tenía que salir de Hmamiouch hacia el otro lado de la vertiente. Con frecuencia ha pasado miedo al cruzarlo, pues en invierno baja el agua con una ira tremenda, y son bastantes sus conocidos que han muerto al cruzarlo, arrastrados por la torrentera. En época de lluvias sólo los más fuertes se atrevían. Cuando cruza ahora el puente, como ya le quedan pocos años de vida, lo atraviesa varias veces, va y viene por encima de él con parsimonia, gustándose… quiere disfrutar de él antes de morirse.

El puente, varias veces prometido por los poderosos, seguía siendo una ilusión pendiente y postergada para los habitantes de la zona. Se construyó hace unos años un puente, tan mal hecho que a los dos meses de terminado quedó destrozado en la primera ocasión que la quebrada bajó llena de agua. En el inconsciente colectivo de Hmamiouch, el puente era sinónimo de apertura al exterior, de comunicación, de integración, y nada era posible si no se tenía un puente. Estaban convencidos de que solo con un puente se podrían dar otras cosas, y así había de ser como veremos enseguida. El caso es que la significación del puente para los habitantes de Hmamiouch orientaba toda su pensamiento sobre nuestras ofertas de desarrollo. Era un símbolo poderoso, algo que desde nuestra cultura occidental podríamos llamar mezcla de real, mítico, mágico, de fuerzas sobrenaturales. Había una decisión colectiva, tácita pero activa, de que la condición primera era la comunicación con el mundo exterior, y hasta que este sueño no se cumpliera, no se podrían despertar a otras realidades nuevas. Cuando fuimos capaces de entender esta significación del puente, nos pudimos posicionar de otra manera ante Hmamiouch, ante su gente, ante el proyecto, ante nosotros mismos.

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Foto: Sevilla Acoge

Otra anécdota recogida sobre el terreno para ilustrar esto último. Nos decía el anciano Sakur: “Antes del puente parece que había muchas cosas del otro lado del río, que se quedaban allá paradas y no querían pasar: las ilusiones, el futuro… la Baraka[4] en fin. Cuando se hizo el puente la Baraka pudo por fin pasar a este lado, y muchas otras cosas han pasado también con ella. Se está terminando la mezquita nueva, se arreglan casas viejas y se levantan algunas nuevas, hay gente que quiere volver…“

Como ya se ha podido suponer, aparcamos nuestro proyecto de cabras y abejas y nos dispusimos a escuchar a la gente, a trabajar a su ritmo, a entender las cosas desde su visión. Finalmente elaboramos un primer proyecto que recogía la construcción del puente y de cuatro pozos en distintas aldeas, como necesidad detectada y priorizada por la misma gente. Este proyecto se presentó ante entidades muy diversas de Sevilla y provincia, y tras el apoyo de varios Ayuntamientos, colectivos particulares y la Junta de Andalucía se pudo conseguir financiación e iniciar la construcción del puente. El puente está desatando, de hecho, otras fuerzas que parecían dormidas, está desencadenando un proceso amplio de desarrollo local.

El grupo de apoyo de Tetuán había realizado un trabajo excelente de preparación de condiciones mínimas para que se pudiera iniciar la construcción del puente, una vez conseguida la financiación externa. El mundo marroquí es desconocido para nosotros. Las tramas y la compleja construcción de la administración del país[5] nos hubiera hecho casi imposible concretar el proyecto, pero el conocimiento que los integrantes del grupo de apoyo tienen de la realidad de su país facilitó en gran manera el camino. Por ejemplo, gracias a ellos se superó el problema de las comisiones, de la corrupción, inevitable cuando hay políticos por en medio o si se trata de un proyecto de construcciones.

Superadas pues las primeras trabas de permisos, licencias de obras, apoyos y voluntades que había que ganarse para facilitar la construcción del puente, se instalaron por fin las obras.

A comienzos del año 2004 se inauguró finalmente el puente. Fue una gran fiesta, y los campesinos de las aldeas de Hmamiouch dispensaron una acogida estupenda a las autoridades presentes y a los miembros de Sevilla Acoge que viajaron a Marruecos para la ocasión. Se veía a la gente orgullosa, llena de alegría y esperanza.

Con su amplia sonrisa, con la carcajada a punto y los pequeños ojos centelleantes, Sakur nos cuenta que es el primer invierno en su vida en el que aún no se ha quitado los calcetines. Antes se tenía que quitar los zapatos y los calcetines continuamente, cada vez que cruzaba el río, y él era de los que entraba y salía mucho de Hmamiouch. Este año, con el puente recién terminado, todavía no se los ha tenido que quitar. Así que lleva todo el año sin quitarse los calcetines.

El puente ha dado una nueva vida a la zona. No sólo se nota a la gente contenta, sino que se está apreciando la generación de un impulso de cambio en Hmamiouch. En efecto, se están arreglando casas antiguas, unas con el adobe tradicional y otras con ladrillo; o se están construyendo casas nuevas de ladrillo.

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Foto: Sevilla Acoge

En mi opinión, el trabajo que se desarrolla en Hmamiouch reúne los elementos indispensables del desarrollo local, pues es un proceso básicamente participativo, integral y endógeno. Voy a intentar explicar estas tres características.

  • Es un proceso participativo porque la gente ha decidido qué es lo que quiere. Frente a nuestras primeras ideas de lo que debía hacerse en la zona, sus habitantes han sabido imponer su criterio y convencernos a nosotros de ello. Nuestra categoría inicial era la del crecimiento económico, pero ellos introdujeron otras categorías desde su cultura.
  • Es un proceso integral porque abarca aspectos diversos de la vida de la zona, y posibilidades diferentes de crecimiento: en lo social, en lo económico, en las vías de comunicación, en la producción… Tras romper nuestra idea primera de crecimiento económico, los campesinos han añadido otras dimensiones que dan carácter integral a la intervención. Por ejemplo, han aportado un carácter nuevo a la noción de desarrollo desde su vivencia cultural, que se torna fundamental: se trata del aspecto simbólico, pues el empeño por sacar adelante el puente nacía de un universo simbólico poderosísimo que se ha revelado como una fuerza llena de significación, movilizadora y capaz de unir a todos en torno a ella. Otra dimensión es la relacional, la que hace referencia al valor de lo colectivo, pues cada nuevo proyecto es filtrado e interpretado por ellos según lo que vaya a aportar al crecimiento de la vivencia comunitaria en las aldeas. Por ejemplo, los pozos que se están construyendo ahora los quieren convertir en un lugar de socialización para las mujeres: la búsqueda de agua es una tarea de mujeres, que a veces tenían que andar kilómetros hasta encontrarla; ahora quieren hacer lavaderos en torno a los pozos, para que las mujeres puedan reunirse en torno a ellos y aprovechar en grupo el tiempo que la antigua búsqueda de agua les dejará ahora libre.
  • Es un proceso endógeno porque no se han introducido elementos ajenos, sino que se ha partido de los recursos propios de la zona y se ha contado con la historia de Hmamiouch (recuérdese la reflexión anterior sobre la significación del puente para sus habitantes, la fuerza real y efectiva de ese símbolo). Otras acciones en marcha o en fase de elaboración, tendrán en cuenta que no se importen recursos extraños, para no provocar aislamiento sino continuidad en la vida de la comunidad.

Se ha construido una idea de desarrollo basada en el crecimiento económico, pero ello no siempre supone un crecimiento en la calidad de vida de la gente. En Hmamiouch vemos que la calidad de vida de la gente ha crecido en este último tiempo: calidad de vida en su dimensión simbólica, como hemos comentado arriba, algo difícilmente explicable para un occidental, pero demostrado en la reacción de la gente de la zona. No quiere decir esto que otras dimensiones se dejen de lado, pero hoy por hoy ya se ve el cambio generado en la zona, el crecimiento en la calidad de vida.

El concepto de desarrollo elaborado en el Norte tras la descolonización se ha planteado desde categoría occidentales, planeando un camino similar al que han hecho las metrópolis. Esto supone que solo hay una opción de desarrollo, la del desarrollo económico. Por el contrario, la práctica de desarrollo en Hmamiouch está enriqueciendo notablemente nuestra visión del desarrollo.

Otro aspecto que estamos descubriendo, es la importancia de la dimensión de lo comunitario. Un desarrollo que no tenga en cuenta esta dimensión no tiene cabida en Hmamiouch, a no ser corriendo el riesgo de que sus habitantes se desenganchen del esfuerzo de desarrollo y terminen viéndolo como algo ajeno a ellos. La escucha de la historia de la zona, la compresión de la identidad cultural de la población, juega aquí un papel importante.

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Foto: Sevilla Acoge

Finalmente, un indicador de que un proceso de desarrollo está siendo adecuado es que la actuación ha generado cambios. Tras este primer paso, Sevilla Acoge ha seguido trabajando con la comunidad en otros proyectos de Infraestructuras y Saneamiento: (construcción de 10 pozos de agua potable; instalación de abrevaderos y lavaderos); intervenciones de fortalecimiento económico (formación de mujeres en producción de PAM; procesado y comercialización de PAM; rehabilitación del zoco de Bni idder (mercado local); intervenciones de sostenibilidad medioambiental (construcción de hornos ecológicos; intervención con empresas productoras de cal) y, por último, educación y fortalecimiento de la sociedad civil (rehabilitación de escuelas rurales; programa integral educativo; fortalecimiento de asociaciones rurales).

 


[1]   Se habrá observado que hablo reiteradamente de “campesinos”, sin utilizar en ningún momento la inclusión de género. En la zona, el papel de la mujer está relegado al interior de la familia, mientras el hombre se ocupa de lo externo. Por eso, ellos han sido nuestros interlocutores durante todo el proceso.
[2] Estos últimos entrecomillados intentan describir algunos de los prejuicios y descalificaciones que nos surgieron en los primeros momentos, cuando los que habíamos elegido como objeto de nuestro proyecto de desarrollo querían convertirse en los sujetos del proceso.
[3]  Cita tomada de Emilio Lucio-Villegas Ramos (Ed.), Espacios para el desarrollo local, PPU, Barcelona; páginas 82-83, en referencia al libro La interpretación de las culturas de C. Geertz.
[4]   Baraka es un término árabe que indica la suerte que viene de Alá (algo así como la gracia en términos cristianos). Poseer la Baraka, o recibirla de Alá, supone que todo me será más fácil, que habrá una disposición interna y externa especial. De paso los demás me reconocerán agraciado.
[5]   Lo que se conoce como el Mahzen, entramado del poder instituido y que se reproduce a sí mismo.