Una educación para la ciudadanía global y la transformación social

¿EpD, EpCG y EpTS? Estas siglas, seguramente indescifrables para personas ajenas al ámbito de las organizaciones sociales, esconden casi 70 años de historia y seis generaciones. Para ubicarnos, os damos una pista: aquí vamos a hablar de educación, más concretamente de lo que se denomina generalmente educación para el desarrollo (EpD) y lo haremos desde la perspectiva de las ONGD, uno de los principales actores de esta estrategia educativa, aunque no el único: universidades, centros educativos, instituciones, medios de comunicación o colectivos sociales estamos implicados en esta tarea.

La educación representa una herramienta fundamental en la confrontación de las estructuras, las políticas y los valores de la sociedad, y desde ella es necesario fomentar un aprendizaje constructivo y facilitar herramientas que generen una comprensión de la complejidad de la realidad. En relación con la pobreza y el desarrollo humano, esto se aborda desde el prisma de la educación para el desarrollo (ONGAWA: 2018).

La EpD es un proceso educativo que tiene como objetivo promover la cultura de la solidaridad, profundizando en cuestiones que faciliten una comprensión crítica y global de las dimensiones del desarrollo humano y de los mecanismos que generan desigualdades.

Es decir, potenciar una ciudadanía informada, crítica -consciente de la posible repercusión de sus actos cotidianos en situaciones de desigualdad o injusticia- y movilizada (pues quiere hacer algo para cambiarlo).

 

La EpD ha ido evolucionando en las últimas décadas, al igual que su denominación, desde visiones más asistencialistas y paternalistas hasta enfoques transformadores y cosmopolitas, en paralelo a la evolución del propio concepto de “desarrollo”. Se habla de un primera generación durante los años 50 con un enfoque asistencialista, una segunda “desarrollista” en la década de los 60 que no cuestiona las causas estructurales de la pobreza; durante los años 70, se presenta la tercera generación con un enfoque crítico que ya introduce la interdependencia global y llegando a los años 80, se incorpora el enfoque de desarrollo humano y sostenible o cuarta generación de la EpD. Durante los años 90, llegamos a la quinta generación o Educación para la Ciudadanía Global (EpCG) donde se retoma el concepto de aldea global y los Derechos Humanos son el eje de esta globalidad. Actualmente, se habla de una  sexta generación o Educación para la Transformación Social (EpTS) que da un paso más allá de la concienciación de la ciudadanía y busca su participación activa hacia la generación de cambios sociales.

“Piensa en global, actúa en local”

Con esta maduración del concepto, creemos que en este lema sencillo se concentra la esencia de la EpD: conectar lo local y lo global, cuestionando los impactos sociales, ambientales y económicos que se derivan del modelo de desarrollo dominante.

La EpD pretende implicar a la sociedad civil para dar respuesta a grandes retos de nuestro mundo: ¿cómo “crecer”? ¿en qué “decrecer”? ¿cómo fortalecer los derechos humanos, la justicia social, la equidad de género…?

Las temáticas desarrolladas por las ONGD giran en torno a estas cuestiones y existe una nutrida lista de experiencias de trabajo en varios ámbitos: formal (un ejemplo de esto es el Movimiento por la Educación Transformadora y la Ciudadanía Global que impulsa el intercambio y aprendizaje conjunto para el desarrollo de prácticas educativas transformadoras en este ámbito), no formal e informal.

Hablamos de derechos humanos, comercio justo, consumo responsable, ecofeminismo, decrecentismo, interculturalidad, migraciones, coeducación…Y se hace desde diferentes estrategias: campañas de sensibilización, investigación, formación, incidencia política o empoderamiento comunicativo de la ciudadanía. Aunque mantenemos la revisión de los enfoques y contenidos de manera constante, así como la incorporación a nuestras actividades de nuevas metodologías más participativas y transformadoras, en la práctica actual de la EpD se entremezclan características de varias generaciones, sobre todo de las tres últimas.

En la coyuntura actual de repliegue de las sociedades y de avance de movimientos que propugnan la intolerancia y el retroceso de los avances sociales, consideramos que la EpD es muy necesaria. Esperamos haber aclarado la evolución que hay tras el concepto de Educación para el Desarrollo para comprender la dimensión que tiene en la
actualidad este trabajo por parte de las ONGD.