Hace veinte años se celebró por primera vez en España el Día de las Personas Cooperantes, una fecha para reconocer a las personas que trabajan en cooperación internacional y poner en valor el compromiso de nuestra sociedad con la justicia, los derechos humanos y la paz.
Veinte años después, cuando la cooperación vuelve a ser cuestionada y se reducen los recursos destinados a ella, merece la pena recordar por qué cooperamos y por qué sigue siendo una política pública necesaria.

No cooperamos porque haya pueblos incapaces de resolver sus problemas. Cooperamos porque compartimos un mundo atravesado por profundas desigualdades y una historia que también nos pertenece, marcada por el colonialismo, el expolio de recursos y unas relaciones económicas que durante siglos han generado, y siguen generando, desigualdad.
También nuestra manera de entender la cooperación ha cambiado. Cooperar no es decidir por otras personas ni llevar nuestras respuestas a otros lugares. Es construir conjuntamente, reconocer saberes y capacidades, compartir responsabilidades y aprender de las sociedades con las que cooperamos. No hablamos de caridad, sino de derechos y de justicia.
La provincia de Sevilla lleva décadas cooperando. Desde nuestros pueblos y ciudades, ayuntamientos, organizaciones sociales, universidades, colectivos y ciudadanía han tejido relaciones con comunidades de muchos lugares del mundo. La cooperación también forma parte de nuestra manera de entender la solidaridad, la convivencia y el compromiso con los demás.
Defenderla hoy es también decidir qué provincia queremos ser y qué valores queremos transmitir a las generaciones que vienen.
Cooperamos para construir un futuro compartido, con dignidad, oportunidades y paz para todas las personas y todos los pueblos.
Agradecemos a nuestra socia Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Sevilla habernos hecho llegar este artículo
Cooperar no es solo mirar fuera.
Cooperar es seguir haciendo una provincia más solidaria.
