ESPACIO SEVILLA COOPERA

Nuestra razón: Cooperamos porque es un motor de transformación

20 años, 20 razones para cooperar

Continuamos con la campaña «20 años, 20 razones para seguir cooperando«, campaña que quiere poner en valor los veinte años en los que las organizaciones no gubernamentales para el desarrollo de Sevilla han acompañado procesos, tejido alianzas y aprendido, tanto o más de lo que han aportado.

Hoy el relato nos lo cuenta nuestra socia la Fundación APY.

Nuestra razón: Cooperamos porque es un motor de transformación.

Veinte años después de que el Parlamento Andaluz estableciera el Día de las Personas Cooperantes, desde Sevilla, en Fundación APY seguimos defendiendo que cooperar no es sólo transferir recursos, sino crear vínculos en pro de un horizonte donde la justicia social sea la regla y no la excepción. Creemos en la cooperación al desarrollo porque transforma vidas y empodera comunidades.

La cooperación es un motor poderoso para la transformación, impulsa un mundo más justo y apuesta por la dignidad, sobre todo de quienes han sufrido y sufren violencia económica, política y/o social. Las problemáticas globales están interconectadas y deben abordarse conjuntamente, cooperando con perspectiva global, interdisciplinaria e interseccional.
Cooperamos para defender los derechos humanos y salvaguardar los ecosistemas, entendiendo que ambas cuestiones se retroalimentan positivamente, a saber, no concebimos la cooperación a costa del detrimento de la naturaleza y/o de la vida.

Cooperamos porque es un motor de transformación
Cooperamos porque es un motor de transformación.

Cooperar es una forma de estimular la solidaridad internacional.

Cooperar es una forma de estimular la solidaridad internacional, estableciendo alianzas con organizaciones socias en los países destino. Esta solidaridad posibilita combatir las violencias machistas y fomentar iniciativas que impulsen el cuidado y la regeneración de los ecosistemas. A nivel histórico, el sistema patriarcal ha normalizado violencias y discriminaciones de género, así como la devastación de los ecosistemas. En ese sentido, apostamos por una cooperación que revierta las desigualdades de género, entendiendo que la cooperación o será feminista o no será. Complementariamente, un ecosistema sano es sinónimo de buen vivir; por ende, cooperar implica entender la sinergia humanidad-naturaleza, con proyectos sustentables que pongan la vida en el centro.

Pero la cooperación tiene también otro motor, uno con el que crea una potente sinergia de transformación, la Educación para la Ciudadanía global (EPCG), un modelo educativo por el que vale la pena apostar, frente a un sistema-mundo que apuesta por el individualismo egoísta.
Por ello, una de las vertientes de nuestro trabajo se desarrolla desde la educación formal: en los institutos andaluces, el estudiantado tiene la oportunidad de conocer otras realidades, de reflexionar sobre la interconexión de las injusticias, y de generar discursos para combatirlas, pasando a la acción; todo ello, desde metodologías artísticas y vivenciales, superando el aprendizaje tradicional y conectando distintas áreas de conocimiento, incorporando en las aulas conocimiento sobre derechos humanos, desigualdades, feminismo y sustentabilidad.
Al involucrar a la sociedad civil y a la comunidad educativa en la construcción de una ciudadanía transformadora mediante la Educación para el Desarrollo y la Transformación Social, se afrontan los desafíos globales desde la acción local, haciendo de la educación una herramienta de transformación social con miras a un futuro justo y sustentable. Entendemos que nuestros derechos y responsabilidades van más allá de nuestras fronteras nacionales. Así pues, cooperamos desde dentro, trabajando con la población andaluza para promover su conciencia global y local.

Además, la cooperación impulsa el voluntariado, lo que genera dinámicas de intercambio entre territorios y comunidades que permite compartir conocimientos, experiencias y saberes, entendiendo que la cooperación es un proceso de aprendizaje mutuo en el que todas las partes aportan y aprenden conjuntamente. En este sentido, el voluntariado permite tejer los hilos de un mundo más unido y hermoso, transformando la solidaridad en participación activa y compromiso colectivo.


En tiempos marcados por profundas desigualdades, crisis humanitarias y desafíos globales, apostamos firmemente por una cooperación en pro de la libertad, entendida como dignidad, derechos y oportunidades para todas.

La solidaridad no es solo un gesto, sino una herramienta de transformación profunda. Construir un mundo más justo exige acción, compromiso y memoria. En ese camino, APY sigue apostando por ejercer solidaridad en acción, cooperando para que otra realidad sea no solo posible, sino palpable.

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