El calor extremo ya no es una excepción estacional: es una amenaza creciente que afecta más a quienes menos recursos tienen para protegerse
En la década de 1970, el 55% de la población mundial sufría al menos 90 días de intenso estrés térmico al año. Hoy esa cifra ha subido al 70%. Y mil millones de personas más que hace cincuenta años experimentan al menos un día de estrés térmico extremo cada año. Son los datos de un estudio publicado en Nature Climate Change en 2026, liderado por Rebecca Emerton, que analiza por primera vez la evolución del estrés térmico a escala global desde 1950.
El análisis se basa en el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI), que incorpora los efectos combinados de la temperatura, la humedad, el viento y la radiación solar, así como la respuesta fisiológica del cuerpo humano. Ese enfoque lo convierte en un indicador más preciso que la temperatura ambiental para medir el riesgo real sobre la salud.
Noches más calurosas, temporadas más largas
Las temperaturas percibidas han aumentado de forma sostenida, y las mínimas nocturnas lo han hecho más rápido que las máximas diurnas: una media global de 0,32 °C por década frente a 0,27 °C, desde los años setenta. El resultado son días de estrés térmico más frecuentes e intensos y, en el hemisferio norte, una temporada más larga. Los cambios más acusados se concentran en los umbrales más altos, precisamente donde los riesgos para la salud son mayores.
A esto se añade que el estrés térmico alcanza ahora regiones que antes quedaban al margen. El reto de adaptación no afecta solo a las zonas donde el calor se vuelve más extremo, sino también a aquellas que históricamente no habían tenido que enfrentarse a él.
En la década de 1970, el 55 % de la población mundial sufría al menos 90 días de intenso estrés térmico al año; esta cifra ha aumentado hasta el 70 % en el clima actual.
El registro histórico: una aceleración sin precedentes
Para entender la magnitud del cambio, los científicos miden las anomalías de temperatura: la desviación de cada año respecto a una media histórica de referencia. Los datos de Our World in Data, basados en el proyecto ERA5 del Centro Europeo de Previsión Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF), permiten rastrear esas anomalías país por país desde 1940, y la tendencia es inequívoca.
En 2024, la temperatura superficial global fue 1,29 °C por encima de la media del siglo XX, el valor más alto registrado desde que existen datos instrumentales, en 1850. Los diez años más cálidos de esa serie histórica han ocurrido todos en la última década, entre 2015 y 2024. 2025 se situó como el tercer año más cálido, con una anomalía de 1,17 °C sobre la media del siglo XX, y superó en 1,34 °C la temperatura preindustrial (1850-1900).
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Desde 1850, la temperatura media global combinada de tierra y océano ha aumentado a una tasa de 0,06 °C por década. Pero desde 1975 esa tasa se ha triplicado: el planeta se calienta ahora a 0,20 °C por década. Lo que durante décadas fue una tendencia gradual se ha convertido en una aceleración sostenida.
El calentamiento no es uniforme. «Cuando los cambios ocurren en el clima, se ven primero en la media global, luego a escala continental y después regional. Ahora los estamos viendo ya a nivel local», explica Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA.
Anomalías mensuales de temperatura en el mundo, 1940-2026
España, una de las zonas del planeta que se calienta por encima de la media global.
La temperatura media en España ha aumentado 1,75 °C desde 1961 —muy por encima del promedio global de entre 1,1 y 1,2 °C en el mismo periodo—, y entre 2001 y 2025 el número de olas de calor en el territorio se ha duplicado respecto al cuarto de siglo anterior, pasando de 43 a 91 episodios, con días de calor extremo que han aumentado de 210 a 510, según datos de la AEMET. Los 12 años más cálidos de la serie histórica pertenecen todos al siglo XXI.
Sin medidas urgentes de mitigación y adaptación, miles de millones más de personas podrían enfrentarse a condiciones peligrosas de estrés térmico en las próximas décadas.
El impacto sobre la mortalidad de las olas de calor y el estrés térmico
Los resultados del estudio revelan una intensificación multidimensional del estrés térmico y un aumento de la exposición que supera el efecto
del mero crecimiento demográfico. La exposición está aumentando en todos los umbrales de gravedad, ya que la magnitud, la frecuencia y la duración del estrés térmico aumentan, tanto durante el día como durante la noche. Estos cambios suponen amenazas cada vez mayores para la salud, los medios de vida y la productividad económica en todo el mundo.
La exposición a al menos un día de estrés térmico extremo ha aumentado del 16 % al 22 %, lo que supone mil millones de personas más que ahora sufren estrés térmico extremo cada año en comparación con la década de 1970. En el futuro, la exposición al estrés térmico seguirá aumentando, con los mayores incrementos absolutos en las regiones de baja latitud y los mayores incrementos relativos en las regiones de alta latitud.
Un informe reciente del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia destaca que alrededor de 559 millones de niños ya están expuestos a una alta frecuencia de olas de calor, y que se prevé que prácticamente todos los niños del planeta se enfrenten a olas de calor más frecuentes para 2050, incluso si el calentamiento global se mantiene por debajo de los 2 °C por encima del nivel preindustrial, tal y como se acordó en el Acuerdo de París de 2015. El calor extremo puede ser especialmente peligroso para los niños pequeños, ya que tienen menos capacidad para regular su temperatura corporal.
Los resultados del estudio de Emerton revelan una intensificación multidimensional del estrés térmico que supera el efecto del mero crecimiento demográfico. La exposición está aumentando en todos los umbrales de gravedad —magnitud, frecuencia y duración—, tanto durante el día como durante la noche. Sin medidas urgentes de mitigación y adaptación, miles de millones más de personas podrían enfrentarse a condiciones peligrosas de estrés térmico en las próximas décadas.
El impacto sobre la mortalidad: lo que dicen los datos en España y Andalucía
Según el Instituto de Salud Carlos III, en la década de 2000-2009 , el riesgo de mortalidad atribuible a las olas de calor creció hasta el 10,7% por cada grado que la temperatura ambiente asciende por encima del umbral de impacto en la salud por ola de calor en las provincias de España. La mortalidad asociada a las olas de calor en el estudio referenciado fue de 13.119 muertes atribuibles a las olas calor, es decir, unas 1.300 muertes/año.

Este dato, que recoge el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud 2026 del Ministerio de Sanidad. En ese periodo se registraron en España 13.119 muertes atribuibles a las olas de calor —unas 1.300 por año—, distribuidas en 4.373 días con episodio de ola de calor activo en alguna provincia. Eso equivale, en promedio, a 3 muertes adicionales por cada día que se declara una ola de calor en el territorio nacional.
Seis veranos de datos: el calor mata de forma irregular, pero persistente
Entre 2020 y 2025, ningún verano registró cero muertes atribuibles al calor en España. La serie muestra, sin embargo, una variabilidad muy acusada: los veranos de 2021 y 2024 fueron relativamente menos letales (602 y 1.988 muertes respectivamente en el periodo mayo-agosto), mientras que 2022 y 2025 concentraron los peores registros, con 3.150 y 3.665 muertes atribuibles. En los seis veranos completos disponibles, el acumulado para España es de 13.752 muertes atribuibles al exceso de temperatura solo en los meses de mayo a agosto.
En todos los años analizados, agosto fue el mes de mayor impacto. El pico más alto registrado en la serie fue agosto de 2022, con 2.217 muertes atribuibles en España, seguido de agosto de 2025 con 2.184 y agosto de 2023 con 1.990.
Por comunidades autónomas, las más afectadas por el calor en agosto de 2025 fueron:
Andalucía: alta vulnerabilidad en algunos años, baja en otros
El comportamiento de Andalucía dentro de la serie nacional es llamativo por su irregularidad. En 2021, la comunidad aportó el 38% de todas las muertes atribuibles a temperatura en España durante el periodo estival —229 de 602—, una proporción muy superior a su peso demográfico. En cambio, en 2024 y 2025 esa proporción descendió al 7-8%, con 146 y 302 muertes respectivamente sobre totales nacionales de 1.988 y 3.665.
En el acumulado de los seis veranos completos (2020-2025), Andalucía suma 1.793 muertes atribuibles al calor en periodo estival, sobre las 13.752 registradas en España.
El comportamiento mensual también presenta anomalías. En el verano de 2022, julio fue especialmente letal en Andalucía (273 muertes) mientras que agosto registró solo 73, en contraste con el patrón nacional donde agosto concentra siempre el pico. En 2023, agosto sí fue el mes más grave para Andalucía, con 242 muertes.
2026: junio ya supera al mismo mes de años anteriores
Los datos de 2026 cubren solo mayo y junio. Mayo registró 117 muertes atribuibles en España y ninguna en Andalucía. Junio de 2026 acumula ya 714 en España y 60 en Andalucía, superando claramente a junio de 2025 (407 y 50) y a junio de 2024 (32 y 7). Es el junio más letal de la serie desde 2020.
Entre 2020 y junio de 2026, el sistema MoMo registra 14.583 muertes atribuibles al exceso de temperatura en España durante los periodos estivales (mayo-agosto), de las que 1.853 corresponden a Andalucía. En lo que va de 2026, solo mayo y junio suman ya 831 en España y 60 en Andalucía.
Las estimaciones de MoMo sobre defunciones atribuibles a altas temperaturas entre 2015 y 2025 ascendieron a 27.564 defunciones, según datos del Ministerio de Sanidad. El año 2022 fue el más letal del conjunto de esa serie, con 4.789 fallecimientos, seguido de 2025 con 3.832. En 2025, la mortalidad atribuida al calor aumentó un 87% y los episodios de calor extremo un 73% respecto al año anterior, según el Ministerio de Sanidad. Estas cifras se concentran fundamentalmente en mayores de 75 años y presentan diferencias significativas entre comunidades autónomas y provincias.
En agosto de 2025, las comunidades más afectadas fueron Madrid (415 muertes), Cataluña (361) y Castilla y León (264). Andalucía registró 169 fallecimientos, ocupando el sexto lugar. Detrás de esa cifra hay un territorio donde el calor extremo no es estacional: en ciudades como Sevilla, las olas de calor se adelantan a mayo y junio y se extienden hasta septiembre, sin que las infraestructuras urbanas ni las viviendas estén preparadas para afrontarlas.
Juan Antonio López-Bueno, Doctor en Epidemiología de la Escuela Nacional de Sanidad. Instituto de Salud Carlos muestra en su estudio The impact of heat waves on daily mortality in districts in Madrid: The effect of sociodemographic factors, pone de relieve que en ninguno de los distritos de Madrid los sistemas de refrigeración llegan a menos del 50 % de los hogares, pero existe una distribución bastante desigual entre distritos, que muestra una fuerte asociación estadística entre los ingresos por hogar y el acceso al aire acondicionado. A medida que aumenta el nivel de ingresos, la probabilidad de sufrir el impacto de una ola de calor disminuye de forma estadísticamente significativa. Del mismo modo, a medida que aumenta el porcentaje de hogares sin acceso a sistemas de refrigeración en un distrito determinado, dicha probabilidad aumenta.
En 2025 la mortalidad atribuida al calor aumentó un 87% y los episodios de calor extremo un 73% respecto a 2024. Ministerio de Sanidad del gobierno de España.
Cómo percibe la ciudadanía los efectos de las olas de calor
La Fundación Estatal, Salud, Infancia y Bienestar Social – CSAI publicó un nuevo Estudio sobre el calor extremo y sus efectos en la vida diaria y en la salud de las personas realizado por GAD3 con el objetivo de conocer la percepción de la ciudadanía sobre los efectos del calor extremo y su vinculación con el cambio climático. La investigación se ha elaborado a partir de entrevistas realizadas en todo el territorio nacional. Uno de los temas abordados en las encuestas realizadas era el Efecto de las temperaturas extremas en la salud. De las 1.274 personas entrevistadas, todas población residente en España de 18 o más años:
- Más del 90% de los españoles considera que las temperaturas extremas pueden afectar gravemente a la salud. Esta percepción es más frecuente entre las mujeres, las personas con menores ingresos y los grupos de edad intermedia.
- Entre quienes vinculan el aumento de las temperaturas extremas con el cambio climático, un 62% cree que este incremento afecta mucho a la salud y un 33% que afecta bastante. Entre quienes no ven relación, estas cifras caen al 34% y 36%, respectivamente.
- Entre los efectos asociados al calor extremo, la mayoría de los españoles menciona los golpes de calor o desmayos (84%) y la deshidratación (83%). También destacan el insomnio y la fatiga (70%), mientras que solo el 1% de la población considera que el calor extremo no produce ningún efecto.
- Las mujeres mencionan en mayor medida que los hombres todos los efectos que el calor extremo puede generar en la salud. Las mayores diferencias se registran en problemas como el insomnio o la fatiga y las erupciones o irritaciones cutáneas, donde superan en más de seis puntos porcentuales a los hombres.
- Las personas de mayor edad en España asocian con más frecuencia el calor extremo a golpes de calor, deshidratación y, sobre todo, al empeoramiento de enfermedades crónicas. En cambio, los grupos más jóvenes mencionan con mayor frecuencia efectos como náuseas o mareos y erupciones o irritaciones cutáneas.
- Las personas mayores de 65 años son percibidas como el grupo más vulnerable ante una ola de calor (69%) y, a la vez, el que más representa a los propios encuestados (26%). Tras los mayores de 65 años, los trabajadores al aire libre destacan como el segundo colectivo vulnerable (57%), por encima de los niños menores de 5 años (38%).
- Los adultos de 30 a 44 años perciben en mayor medida a los mayores de 65 como colectivo vulnerable ante una ola de calor (78%), mientras que los propios mayores (62%) y los jóvenes (60%) los señalan en menor medida. Por su parte, los mayores perciben a los trabajadores al aire libre como principal grupo de riesgo (67%), y los niños menores de 5 años reciben un reconocimiento mucho menor entre los jóvenes (22%) que entre los adultos de 30 a 64 años (45%).
- Quienes pertenecen a un grupo de riesgo tienden a señalar más a colectivos similares o relacionados, pero menos a los mayores de 65 años (63% frente al 76% entre quienes no pertenecen a grupos de riesgo). Destacan también porque dan más peso a las personas con enfermedades respiratorias (34% vs. 22%) y con trastornos mentales o deterioro cognitivo (6% vs. 2%), mientras que en la mayoría de los demás colectivos las diferencias son mínimas.
- Los mayores de 65 años son el grupo que más se identifica como perteneciente a colectivos de riesgo (81%), principalmente por su edad, la toma de medicación (26%) y enfermedades crónicas (20%). En cambio, en los tramos de 18 a 64 años predominan quienes no se reconocen en ninguno de estos colectivos (entre el 55% y el 68%).
Quién muere y por qué: colectivos vulnerables y factores de riesgo ante el estrés térmico
En el artículo publicado por Ángela Lara García de la Universidad de Sevilla «Retos para afrontar la vulnerabilidad al calor en el ámbito residencial. Experiencias desde Andalucía (España), identifica los factores que determinan la vulnerabilidad ante las olas de calor en el ámbito residencial: el nivel de renta, la existencia de zonas verdes urbanas próximas, el nivel de formación, la antigüedad y la demanda energética de los edificios, y la proporción de personas mayores de 65 años —especialmente mujeres que viven solas—. Cuando varios de estos factores se superponen en un mismo territorio, el riesgo se multiplica.
Pero hay colectivos para quienes el calor extremo se convierte en una amenaza directa e inmediata porque sus condiciones habitacionales y de exclusión social no dejan margen de respuesta. Las personas sin hogar no pueden refugiarse en un domicilio climatizado ni regular su exposición al sol durante las horas centrales del día. Las personas en situación de privación de libertad dependen íntegramente de las condiciones térmicas de los centros donde se encuentran, sobre los que no tienen ningún control. Las personas en viviendas precarias —infravivienda, hacinamiento, edificios sin aislamiento, alquileres en plantas altas sin ventilación— enfrentan temperaturas interiores que pueden superar en varios grados las del exterior, sin acceso a sistemas de refrigeración y sin capacidad económica para instalarlos.
Para estos grupos, las recomendaciones sanitarias estándar —hidratarse, evitar el sol, refugiarse en espacios frescos— resultan difíciles o directamente imposibles de seguir. La respuesta institucional no puede limitarse a campañas de comunicación: requiere infraestructura accesible, dispositivos de atención activa y coordinación entre servicios sociales, sanitarios y de emergencia.
Qué se puede hacer: adaptación, mitigación y demandas ciudadanas
Frente a este escenario, la adaptación al calor extremo no puede seguir siendo una respuesta de emergencia improvisada cada verano. Requiere planificación, inversión sostenida y decisiones urbanas que pongan la salud de las personas en el centro. Algunas de las medidas más respaldadas por la evidencia científica son la rehabilitación energética del parque de viviendas más antiguo, la extensión de redes de refugios climáticos accesibles y permanentes, la renaturalización de espacios públicos y patios escolares, y la aplicación real —no solo declarada— de las leyes de bioclimatización ya aprobadas.
El calor extremo es, ante todo, una cuestión de justicia. Muere antes quien vive en el barrio con menos árboles, quien no puede pagar la factura del aire acondicionado, quien estudia en un aula sin climatizar o quien duerme en la calle. Reconocer esa desigualdad es el primer paso para corregirla.
Referencias
- Anomalías de temperatura global. Our World in Data / ERA5-ECMWF. Global Surface Temperature. NOAA/NCEI, 2024.
- Global heat stress intensification and its expanding footprint on the human population, de Rebecca Emerton,
Julien Nicolas, Anna Lombardi y Claudia Di Napoli. - Estudio sobre el calor extremo y sus efectos en la vida diaria y en la salud de las personas, de la Fundación Estatal, Salud, Infancia y Bienestar Social – CSAI.
- Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud 2026. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo). Instituto de Salud Carlos III.
- «Retos para afrontar la vulnerabilidad al calor en el ámbito residencial. Experiencias desde Andalucía (España), de Ángela Lara García.
- Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), Ministerio de Sanidad del Gobierno de España.
- The impact of heat waves on daily mortality in districts in Madrid: The effect of sociodemographic factors, de Juan Antonio López-Bueno.
- 559 millones de niños expuestos al aumento de frecuencia de olas de calor. UNICEF.


