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Desde ONGAWA reflexiones sobre Dakar: entre la frustración y la oportunidad de cambiar las reglas del juego

Mar Rivero, responsable de conocimiento e incidencia, y Darío García, coordinador de programas en Senegal, de ONGAWA Ingeniería para el Desarrollo Humano, comparten su valoración tras participar en la Reunión de Alto Nivel de Dakar.

Dakar: entre la frustración y la oportunidad de cambiar las reglas del juego
Dakar: entre la frustración y la oportunidad de cambiar las reglas del juego

Los días 25, 26 y 27 de enero ha tenido lugar en Dakar la Reunión de Alto Nivel preparatoria de la Conferencia del Agua de Naciones Unidas de 2026, prevista para final de año. Desde la sociedad civil veíamos la Reunión como una oportunidad para cambiar el rumbo y avanzar hacia una gobernanza global del agua que se centre en los derechos y el bien común.

Una vez clausurada, la Reunión deja una sensación ambivalente entre las organizaciones y movimientos sociales que hemos participado. Es frustrante comprobar las inercias que siguen presentes en el proceso desde la anterior Conferencia Mundial del Agua de 2023, y la enorme distancia que aleja los discursos de los compromisos y la acción. Pero también resulta esperanzador reconocer algunas grietas que se han empezado a abrir en el proceso multilateral del agua.

Desde ONGAWA creemos que es importante hacer una lectura honesta. Porque lo que está en juego es demasiado importante.

Mucho discurso, poco diálogo real

En las sesiones formales de alto nivel nos hemos vuelto a encontrar con una dinámica ya conocida: intervenciones bien articuladas, alineadas con grandes consensos retóricos sobre inclusión, participación o dignidad humana, pero sin un diálogo real entre quienes han tomado la palabra. Las intervenciones no han dialogado entre sí, no se han construido colectivamente y no han estado orientadas a transformar los marcos dominantes. Además, ha sido muy insuficiente la presencia de voces de organizaciones y movimientos sociales.

Se ha hablado del agua como “bien público global”, pero sobre todo como argumento para atraer inversión, sin entrar a fondo en lo que implica tratar el agua como un bien común, con prioridades claras para los usos ligados a los derechos humanos, la protección de los ecosistemas y con límites a la mercantilización.

En este sentido, la parte más formal de la reunión ha resultado, para muchas organizaciones, frustrante.

Algunos avances respecto a 2023, pero pocos

Dicho esto, también es justo reconocer que Dakar no ha sido Nueva York 2023. La vinculación entre agua y cambio climático ha sido mucho más clara y directa, y se ha insistido en la necesidad de coordinar mejor los distintos espacios internacionales (COPs, FAO y otros foros multilaterales) para no duplicar esfuerzos.

Además, la existencia de un espacio multiactor durante el proceso de preparación de este encuentro ha supuesto un avance respecto a la Conferencia de 2023, donde la sociedad civil quedó prácticamente relegada a eventos paralelos fuera del marco oficial.  A pesar de ello, bajo el paraguas de la lógica multiactor y de grupos de interés (stakeholders), la participación de organizaciones y movimientos sociales no puede competir con la influencia de sectores empresariales y actores financieros. De esta manera, el riesgo es que los resultados de la próxima Conferencia se parezcan más a una lista de líneas de negocio que a una apuesta política que defienda el agua como derecho humano y bien común.

En la sesión de cierre, al menos la mitad de los diálogos interactivos han señalado como pioridad los derechos humanos en sus conclusiones. Es poco, pero no es irrelevante.

La mayor grieta: la participación real de los titulares de derechos

El elemento más esperanzador de Dakar ha venido de la mano del Relator Especial de Naciones Unidas sobre los derechos humanos al agua y al saneamiento. En una reunión específica con Estados y organizaciones sociales, ha presentado una iniciativa clave: avanzar hacia una participación efectiva de los titulares de derechos (rights-holders) en el proceso hacia la Conferencia de 2026, aprendiendo de los errores de 2023.

La propuesta consiste en crear una Plataforma Social del Agua como espacio de coordinación, diálogo e intercambio entre movimientos sociales, pueblos indígenas, organizaciones comunitarias, redes de activistas, ONG y otros actores. Un espacio al que los Estados también puedan recurrir para contrastar sus posicionamientos e incorporar las demandas de quienes viven en primera línea la crisis del agua. Ante esto, algunos países (Canadá, España y Colombia, entre otros) han mostrado su disposición para impulsarlo en Naciones Unidas.

Esta iniciativa se ha apoyado en el Manifiesto por la Justicia del Agua, respaldado por más de 500 organizaciones y presentado en la Conferencia de 2023, y ha planteado un objetivo ambicioso pero realista: institucionalizar un canal de participación y consulta de la sociedad civil, similar al que existe en otros espacios de la ONU.

Otro elemento a destacar es que se ha defendido explícitamente el multilateralismo por parte de varios Estados en un contexto global cada vez más polarizado. Países como Alemania, España, Sudáfrica y Francia han reiterado su compromiso con un sistema multilateral fuerte.

Lejos aún del punto de inflexión que necesitamos

En definitiva, siendo honestos, vamos mal. El giro profundo que demandábamos desde ONGAWA y desde otras redes y plataforma de sociedad civil no se ha producido, y el punto de inflexión que la crisis global del agua y del saneamiento exige sigue por ahora pendiente.

Los resultados formales de Dakar son el cauce principal del proceso hacia la Conferencia de 2026, y todo apunta a que podrían reproducirse muchos de los errores de 2023: una distancia sideral entre las palabras y los hechos y una preocupante falta de centralidad de los derechos humanos. No se preven compromisos vinculantes en esta Conferencia, y la posibilidad de alcanzarlos se pospone para la siguiente, que tendrá lugar en 2028.

Si algo demuestra Dakar es que sin derechos humanos en el centro de las políticas y sin obligaciones claras, no habrá el cambio de rumbo que hace falta.

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