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Informe sobre Desarrollo Humano 2025: desigualdad, inteligencia artificial y el reto de decidir el futuro

El progreso en el desarrollo humano se ralentiza hasta el nivel más bajo en 35 años, según el IDH del PNUD.

Desde 2020, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) ha experimentado una evolución marcada por desafíos y desigualdades crecientes. Tras dos años consecutivos de descenso en 2020 y 2021, debido a la pandemia de COVID-19 y sus efectos socioeconómicos, el IDH global mostró signos de recuperación en 2023, alcanzando un valor proyectado superior al de 2019.

Informe desarrollo humano 2025

Sin embargo, este repunte no ha sido uniforme: mientras que los países de la OCDE lograron recuperarse, aproximadamente la mitad de los países menos adelantados no alcanzaron sus niveles previos.

El Informe de 2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) destaca una preocupante desaceleración en el progreso del IDH, con un incremento proyectado para 2024 que sería el más bajo en 35 años.

Las brechas entre países con IDH muy alto y aquellos con IDH bajo, que habían disminuido durante décadas, han vuelto a ampliarse desde 2020. Factores como conflictos, crisis de deuda y tensiones geopolíticas han contribuido a este estancamiento, afectando especialmente a las regiones en desarrollo.

La última clasificación del Índice de Desarrollo Humano (IDH) revela una realidad persistente: las desigualdades globales en bienestar y oportunidades siguen siendo profundas. Nueve de los diez países con menor desarrollo humano se encuentran en África, una región que continúa enfrentando grandes retos estructurales como la pobreza, los conflictos armados, el cambio climático y la fragilidad institucional. Sudán del Sur (puesto 193), Somalia (192) y la República Centroafricana (191) ocupan las últimas posiciones del ranking, con niveles muy bajos de esperanza de vida, escolarización e ingresos.

En el otro extremo, Islandia, Noruega y Suiza lideran el listado global del IDH en 2023, reflejando sistemas de bienestar sólidos, acceso universal a servicios esenciales y estabilidad social y económica. Esta brecha entre países con IDH muy alto y aquellos con IDH bajo no solo es una fotografía del presente, sino también un llamado a actuar: el desarrollo debe ser equitativo y centrado en las personas, sin que el lugar de nacimiento determine las posibilidades de llevar una vida digna.

El informe también subraya la necesidad de abordar las desigualdades tecnológicas y educativas para evitar que la inteligencia artificial y otras innovaciones amplíen aún más las disparidades existentes.

Si el pobre avance de 2024 se convierte en ‘la nueva normalidad’, los objetivos fijados para 2030 podrían demorarse durante décadas, haciendo de nuestro mundo un lugar menos seguro, más dividido, y más vulnerable a las perturbaciones económicas y ecológicas.

Achim Steiner, administrador del PNUD

Un llamado a decidir: personas y posibilidades en la era de la IA

En este contexto, el Informe sobre Desarrollo Humano de este año destaca el papel emergente de la inteligencia artificial (IA) como una herramienta potencial para revitalizar el desarrollo humano. Examina en qué se distingue esta nueva era de inteligencia artificial de otras transformaciones anteriores y cuáles pueden ser las repercusiones de esas diferencias para el desarrollo humano, por ejemplo en cuanto al potencial de la IA para fortalecer o para debilitar la capacidad de actuación humana.

Actualmente, las personas ya interactúan con la IA de múltiples maneras en distintas etapas de la vida, explorando de hecho sus distintas posibilidades —buenas y malas— y poniendo de manifiesto la importancia determinante que tienen el contexto y las decisiones. La capacidad de actuación es el precio a pagar cuando los seres humanos se creen todo lo que se dice acerca de la IA, lo que puede exacerbar la exclusión y dañar la sostenibilidad. Y, por supuesto, conocer quién produce la IA y para qué es una cuestión fundamental para todos.

Una encuesta global incluida en este estudio anual indica que el 70% de las personas en países con IDH bajo y medio espera que la IA aumente su productividad, y dos tercios prevén utilizarla en sectores como educación, salud y trabajo en el próximo año . Sin embargo, se enfatiza que la IA no es una solución mágica y que su implementación debe centrarse en las personas, integrando la capacidad de actuación humana en todo su ciclo de vida.

El PNUD propone tres áreas críticas de acción: construir economías donde humanos e IA colaboren en lugar de competir, integrar la capacidad de actuación humana en el ciclo vital de la IA y modernizar los sistemas educativos y de salud para responder a las necesidades del siglo XXI. Además, se subraya la urgencia de cerrar las brechas en el acceso a la electricidad e internet para evitar que nadie quede excluido de las nuevas oportunidades que ofrece la tecnología

Referencias

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