Huertos comunitarios en Simuchembo: una solución a la inseguridad alimentaria

 

  • La seguridad alimentaria es el acceso permanente de todas las personas a los alimentos que necesitan para una vida activa y saludable
  • Las mujeres constituyen el 60 % de la fuerza de trabajo agrícola en Zimbabwe, pero solo poseen el 19 % de las explotaciones agrícolas comerciales
  • Se pretende conseguir una producción de verduras que amplíe la dieta de las familias y  fortalecer el empoderamiento de la mujer

Nos situamos en Simuchembo, Región de Gokwe Norte, provincia de Midlands, Zimbabwe que se encuentra en una situación de emergencia alimentaria por los efectos del cambio climático que han afectado gravemente a las cosechas.

La República de Zimbabwe se encuentra al sur del continente africano y tiene una superficie de 390.580 km². Limita con Zambia al norte y noroeste, con Sudáfrica al sur, con Mozambique al este y con Botsuana al suroeste. Su capital es Harare y se calcula que en el país viven 15,3 millones de personas (EIU 2016). Alrededor del 70% de la población vive en las zonas rurales y es esta parte de la población la que constituye la mayoría que sufre las desventajas sociales y económicas.

El país presenta varios grupos étnicos. El Shona y Ndebele constituyen los grupos principales, mientras que grupos como el de Tonga, Nambya y Venda son una minoría. Su forma de gobierno es una república presidencialista cuyo presidente es Robert Mugabe, quien lleva en el cargo desde 1980.

A pesar de su comparativamente modesta contribución al PIB, la agricultura proporciona sustento a cerca del 70 por ciento de la población de Zimbabue. La minería, en la que destacan los yacimientos de platino, níquel, hierro, oro y diamantes, añade alrededor de otro 9%. Aunque su participación en el PIB todavía es pequeña, el sector de la minería tiene potencial para convertirse en un pilar importante de la economía. Los subsectores del agua y electricidad representan el 5%, aunque su potencial es mucho mayor, ya que el país importa entre el 35 y el 45% de la energía eléctrica que consume, mientras que su considerable potencial de generación de energía hidroeléctrica y térmica sigue casi intacto. La construcción apenas se ha recuperado y sólo supone el 1% del PIB.

En 2015 se observó una importante caída en el sector agrícola, derivada, fundamentalmente, de la fuerte sequía que está atravesando el país como consecuencia del fenómeno del Niño.

La frialdad de los números no puede ocultar la magnitud de los problemas que vive la población del país: la esperanza de vida está en torno a los 56 años; la mortalidad infantil es del 56 por 1.000; el 80% de la población se halla en paro; tiene una de las tasa de inflación más altas del mundo; la enseñanza, la sanidad y los demás servicios sociales hundidos o colapsados… Esta situación dramática afecta a todos los estratos de la población, pero es especialmente sufrida por las zonas rurales, que ni siquiera en los años de prosperidad habían podido gozar de los servicios mínimos que debía prestarles el Estado y que ahora padecen con más intensidad la situación de carestía.

Los resultados económicos de Zimbabwe desde su independencia en 1980 pueden analizarse en términos de cuatro períodos principales: 

1.-Tras su independencia, Zimbabwe alcanzó su más alto crecimiento del PIB (del 7%) durante el período posterior a la independencia, cuando el gobierno utilizó los fondos públicos para desarrollar el sector social (la educación y la salud) y la infraestructura rural.

2.-El Programa de Ajuste Estructural Económico (ESAP) introdujo políticas de costes-compartidos en los sectores de salud y educación, y esto hizo difícil para los grupos pobres y vulnerables que no pueden pagar las cuotas de usuario. El PIB bajó a 1,5% entre 1991 y 1995. Aunque en 1997 el Gobierno sustituyó el ESAP con el Programa de Zimbabwe de Desarrollo Económico y Transformación Social de la economía, se continúa experimentando un crecimiento negativo de tal manera que llegó a -10,4% en 2003 y en 2008 la economía se había reducido en un 40%. El aplastamiento del dólar de Zimbabwe, el 14 de noviembre de 1997, la caída de la agricultura comercial a partir de 2000, a raíz del Programa de la Reforma Agraria por la Vía Rápida que, a su vez, condujo a la disminución en el suministro de insumos nacionales y la economía nacional en su conjunto y la hiperinflación son algunos de los factores que contribuyeron a este período de crisis.

3.-Este período de crisis (2000-2008) tuvo graves consecuencias negativas sobre las condiciones socioeconómicas de los más pobres y desfavorecidos del país.

Se estima que la población que vivía bajo la línea de pobreza de consumo total (TCPL) fue del 72% en 2003 y, desde luego aumentó a partir de entonces cuando la economía se deterioró. El desempleo estructural se encuentra actualmente en un 80%. Debido a la declinación de la economía, una gran cantidad de mano de obra cualificada y no cualificada ha emigrado a otros países como Sudáfrica y el Reino Unido y esto reduce enormemente la capacidad de los sectores público y privado.

4.-Recuperación 2009-2015. La crisis económica se vio agravada también por la polarización política en el país, ya que había una gran cantidad de violencia política antes de la segunda fase de las elecciones presidenciales de 2008. Se cometieron atrocidades en las comunidades al ser algunos miembros de la comunidad identificados como simpatizantes de partidos políticos rivales y posteriormente fueron perseguidos y mutilados. Sin embargo, la formación del Gobierno de Unidad Nacional (GNU) en febrero de 2009 mejoró el ambiente político en el país. Sin embargo, los políticos tienen muchas heridas que cerrar, sobre todo a nivel comunitario.

La introducción del Programa de Recuperación de Emergencia a Corto Plazo puesto en marcha por el GNU ha estabilizado la situación macroeconómica en el país, mientras que el recientemente aprobado Plan de Medio Plazo (PMP) está diseñado para promover el crecimiento de una economía nacional sostenible y garantizar la mejora de las condiciones sociales de las personas que habían sido gravemente erosionada durante el período de crisis. La política, sin embargo, todavía tiene que traducirse en resultados concretos y reducir los niveles de pobreza y las desigualdades que aumentaron durante el período de crisis.

La inseguridad alimentaria

El acceso de los hogares a los alimentos se ve limitado por diversos factores: pobreza, reducción de las remesas, baja productividad, oportunidades de empleo insuficientes, precios de los alimentos elevados, perturbaciones climáticas recurrentes, inestabilidad macroeconómica, débil crecimiento económico y falta de liquidez financiera. 6. Según un análisis del período 2009-2014, alrededor de 1 millón de personas, es decir, el 8,3 % de la población, vivía en situación de inseguridad alimentaria; en el 38 % de esos casos la vulnerabilidad era crónica.

La inseguridad alimentaria y la pobreza extrema están relacionadas: se calcula que el 62,6 % de los zimbabuenses viven por debajo del umbral de pobreza y el 16 %, en situación de pobreza extrema. En las zonas rurales, la pobreza extrema afecta al 30 % de la población y la pobreza, al 76 %, (en las zonas urbanas este último porcentaje es del 38 %)

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La inseguridad alimentaria se concentra en las regiones fronterizas meridionales y occidentales, así como en algunas zonas del norte. Dado que en las regiones fronterizas la producción de cereales es más escasa, en esas zonas la población depende de los mercados para obtener alimentos. Esta combinación de pobreza y precios de los alimentos elevados es una de las causas principales de la inseguridad alimentaria

En tales circunstancias, los sectores más débiles de la comunidad se ven afectados negativamente por la escasez de alimentos. Zimbabwe es uno de los países más afectados por la epidemia del VIH, con una tasa de prevalencia entre los adultos de alrededor de un 16,7%. Unos 1,6 millones de personas vivían con VIH/SIDA en 2014 según UN AIDS. Las personas infectadas y afectadas por el VIH / SIDA y los niños, en particular, tienen dificultades para acceder a cantidades suficientes de alimentos para satisfacer las necesidades alimentarias y nutricionales. Esto se complica aún más por la escasez de recursos financieros y humanos necesarios para producir alimentos o fuente para satisfacer las necesidades diarias sin la asistencia humanitaria.

Las mujeres constituyen el 60 % de la fuerza de trabajo agrícola, pero solo poseen el 19 % de las explotaciones agrícolas comerciales, tienen derechos de uso sobre el 45 % de las parcelas situadas en zonas comunales y en general no están en condiciones de tomar decisiones sobre compras, préstamos o ventas.

En un contexto en el que la propiedad de los activos y los títulos de tenencia de la tierra se utilizan como aval para la obtención de crédito, las mujeres se hallan aún más desventajadas.

El 42,6 % de los hogares agrícolas están encabezados por mujeres porque muchos hombres emigran a los centros urbanos de Zimbabwe o a los países vecinos en busca de trabajo. Las remesas son una fuente importante de ingresos no agrícolas para los hogares rurales de algunas regiones. Normalmente las mujeres no abandonan el hogar y complementan los ingresos domésticos dedicándose a las labores agrícolas.

El proyecto: huertos comunitarios en Simuchembo

Aunque la gran parte del área de Simuchembo, perteneciente al distrito rural de  Gokwe North, sea una gran extensión de tierra árida en un ecosistema de sabana, la presencia del río Sengwa y sus afluentes crea un micro ecosistema en sus cuencas que hace de la tierra de sus orillas un lugar privilegiado para el cultivo de las hortalizas propias del lugar como tomates, zanahorias, acelgas, manangas… Aunque durante gran parte del año el agua se encuentra subterránea, no es difícil cavar pozos superficiales desde los que extraer el agua que se ha filtrado naturalmente por la arena (granos de cuarzo) haciendo de ésta un agua limpia y buena para el consumo humano y el regadío.

Esta zona comprende 144 familias mayoritariamente campesinas. No se dispone de suministro eléctrico ni de agua corriente. Existen algunas instalaciones básicas como una escuela muy precaria  y una pequeña clínica atendida por la ONG ADRA que no son suficientes, existiendo una dejación del gobierno central para atender las necesidades más básicas de la población de la zona.

Las familias se dedican a la agricultura y ganadería de forma mayoritaria y están muy expuestos a todos los factores que pueden afectar a una producción de subsistencia: sequías, incremento de precios de semillas, plagas, etc.

Los hogares más pobres son los que tienen inseguridad alimentaria, o se encuentran en alto riesgo de tenerla. En algunas de estas áreas rurales la producción agrícola es insuficiente; hay hogares donde la mujer es la cabeza de la familia, donde la madre tiene muchas responsabilidades en el cuidado de los niños, al igual que en actividades de labranza, y los hogares pobres con un alto porcentaje de dependencia o que tienen pocos o ningún adulto activo debido a la edad, enfermedad, incapacidad u otras causas.

La organización sevillana Proclade Bética, y su contraparte local, los Misioneros Claretianos de Zimbabwe, con el apoyo de la Diputación de Sevilla, toma la iniciativa de desarrollar un huerto comunitario que pueda mejorar la situación de inseguridad alimentaria de estas familias mediante la producción de verduras que amplíe su dieta y que fortalezca el empoderamiento de la mujer, facilitando su presencia en espacios públicos y como representante y gestora de la iniciativa. También se contempla la instalación de un perímetro de seguridad para la zona del huerto y de un sistema de riego por bombeo.  

La comunidad elige a un comité local para gestionar el huerto, siendo mujeres más del 80% de sus integrantes.

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El proyecto pretende incidir  sobre la inseguridad alimentaria y situación nutricional grave. La seguridad alimentaria significa a su vez, un acceso suficiente del grupo familiar a los alimentos, en cantidad y calidad adecuados, para satisfacer las necesidades alimentarias de todos sus miembros durante el año. Una familia puede obtener sus alimentos de dos maneras principales: producción alimentaria y compra de alimentos. Ambos requieren recursos o ingresos adecuados.

 

Se pretende incidir sobre la seguridad alimentaria mejorando la dieta y ofreciendo una variedad de verduras que complemente los nutrientes de la cosecha tradicional de maíz sin acarrear un desembolso económico para las 51 familias más vulnerables de la zona.

 

Existe una importante desigualdad entre hombres y mujeres. La mujer es la que de una manera más intensa suele padecer estas situaciones, víctima de la desigualdad tanto en los roles de cuidado como en el acceso a la educación, a la titularidad de tierras, etc.

En este sentido el proyecto pretende mejorar el reconocimiento de la mujer en espacios públicos y como representante y gestora de la iniciativa siendo referencia en su comunidad.

Se dan escasos ingresos económicos. Siendo una zona de producción agropecuaria hay dos factores que influyen negativamente en la entrada de escasos ingresos: una baja producción, por el uso de técnicas inadecuadas y unas infraestructuras de caminos que impiden la venta de estos productos en poblaciones o ciudades cercanas. Esto lleva a que apenas puedan acceder a servicios educativos y sanitarios. En este sentido el proyecto pretende incidir aportando la posibilidad de incrementar la cantidad y variedad de alimentos pudiendo conseguir ingresos en caso de obtener excedentes.

El VIH/SIDA contribuye a la inseguridad alimentaria, algunas veces porque los adultos que trabajaban cultivando maíz están gravemente enfermos o debido a que niños huérfanos a la edad muy temprana se han convertido en cabeza del hogar y cuidan a los niños más pequeños. Además, en las familias afectadas por el VIH/SIDA, la enfermedad tiene un impacto negativo importante en la producción agrícola y los recursos que puede obtener para sus miembros. La diversificación de la dieta ampliando el número de productos disponibles puede favorecer la situación de las familias afectadas por esta enfermedad.

Se da una fuerte emigración a las ciudades (sobre todo de los hombres): La falta de acceso al mercado laboral, con la consecuente falta de ingresos económicos, produce una emigración, especialmente de población masculina hacia las grandes ciudades o países vecinos como Sudáfrica. El problema es que una vez allí dada su escaso nivel educativo y su escasa capacitación laboral, no consiguen acceder a empleos bien remunerados y mal viven con pequeños comercios. En este sentido la mujer también sufre ya que a la desestructuración familiar se le suma que ella sola debe cargar con el cuidado de los hijos. En este sentido el proyecto promoviendo que las mujeres sean protagonistas de su propio desarrollo y el de sus familias obteniendo alimentos que mejoren su salud y las de sus familias.


Ficha descriptiva

  • Proyecto: “Implantación de un huerto comunitario con enfoque de género para la mejora de la seguridad alimentaria de 51 familias en Simuchembo.
  • ONGD: Proclade Bética y Misioneros Claretianos de Zimbabwe.
  • País: Zimbabwe
  • Ámbito: Seguridad alimentaria
  • Objetivo: Mejorar la situación de inseguridad alimentaria a través de la implantación de un huerto comunitario con enfoque de género en el área de Simuchembo.
  • Financiación: Diputación de Sevilla. 2016