Desde el colapso económico hasta la hambruna declarada, Organizaciones Internacionales y ONGD documentan una emergencia en Sudán que el mundo no puede seguir ignorando
El 15 de abril de 2026 se cumplieron tres años del estallido del conflicto armado en Sudán. El balance, según Noticias ONU, no es solo de destrucción: es de fracaso colectivo. Lo que comenzó como una disputa por el poder entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) se ha transformado en la mayor crisis humanitaria del planeta. Hoy, 34 millones de personas —casi dos de cada tres sudanesas— requieren asistencia urgente para sobrevivir.
Desde que estalló el conflicto armado, Organizaciones Internacionales como Amnistía Internacional y agencias como el PMA o ACNUR documentan los ataques sistemáticos contra la población civil perpetradas por las partes en conflicto. También las ONGD españolas, poniendo espacial énfasis en nuestras socias Entreculturas o Médicos del Mundo o Farmamundi contribuyen con sus esfuerzos a paliar esta terrible situación humanitaria
¿Por qué hay una guerra en Sudán?
Comprender la crisis exige mirar más allá del estallido de abril de 2023. Como se señala desde el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), Sudán lleva casi setenta años de independencia sin encontrar paz: ha sufrido veinte intentos de golpe de Estado —siete exitosos—, tres guerras civiles y al menos un genocidio. En los casi setenta años de independencia, tan solo ha habido diez años de paz, y hasta 46 acuerdos de paz se han firmado, considerados fallidos a tenor de la casi incesante presencia de la guerra. El conflicto actual es la continuación de una fractura estructural nunca resuelta: la imposición de jerarquías étnicas por parte de élites árabes sobre comunidades africanas no árabes, y la impunidad acumulada durante décadas. Las RSF surgieron precisamente de las milicias Janjaweed que perpetraron el genocidio de Darfur entre 2003 y 2020, reconvertidas en instrumento del Estado por el dictador Omar al-Bashir.
El detonante inmediato fue una disputa de poder entre dos exaliados. Tras el golpe que derrocó a al-Bashir en 2019, el general Abdel Fattah al-Burhan y Hemedti compartieron un gobierno de transición que nunca cumplió su promesa democrática. Según Descifrando la Guerra, las tensiones estallaron cuando se intentó integrar las RSF en el ejército regular, un paso que Hemedti rechazó para no perder poder e influencia económica —las RSF controlan buena parte del oro de Darfur, contrabandado principalmente hacia los Emiratos Árabes Unidos—.
La comunidad internacional, que había avalado una transición que nunca tuvo voluntad real de democratizar el país, lleva tres años sin lograr acuerdo de paz alguno. Potencias como los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Arabia Saudí y Rusia alimentan a las partes en conflicto con armas y recursos, convirtiendo Sudán en tablero de intereses geopolíticos ajenos mientras la población civil paga el precio.
Un país en colapso sistemático
El impacto económico es devastador. Según un informe conjunto del PNUD y el Instituto de Estudios de Seguridad, Sudán perdió 6.400 millones de dólares en PIB solo en 2023, y los ingresos promedio han retrocedido a niveles de 1992. Si el conflicto se prolonga hasta 2030, la pobreza extrema podría superar el 60% de la población —52 millones de personas—, es decir, 34 millones más de los que estarían en esa situación sin guerra. «No estamos ante una crisis coyuntural, sino ante la erosión sistemática del futuro de un país», advierte Luca Renda, representante del PNUD en Sudán.
El colapso afecta a todos los servicios esenciales. Entre el 70 % y el 80 % de las infraestructuras sanitarias están fuera de servicio. La destrucción de los sistemas de agua y saneamiento ha provocado brotes de enfermedades como el cólera. Según los datos recogidos por la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, de las tres hambrunas oficialmente declaradas a nivel global, dos se concentran en Sudán.
Hambre, desplazamientos y una crisis sin precedentes
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) documenta que 21 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda. La crisis alimentaria se ha agravado de forma alarmante: el recrudecimiento de los combates, especialmente en Darfur, ha expandido la hambruna a nuevas zonas. Todo ello ocurre mientras la financiación internacional retrocede, justo cuando más se necesita.
El desplazamiento masivo convierte a Sudán en el epicentro mundial del éxodo humano. Según ACNUR, más de 11,6 millones de personas permanecen desplazadas dentro y fuera del país: 6,8 millones dentro de Sudán y 4,4 millones en siete países vecinos —Chad, Sudán del Sur, Egipto, Etiopía, Libia, Uganda y la República Centroafricana—. Una de cada 13 personas refugiadas en el mundo es de origen sudanés.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) añade una dimensión adicional: casi cuatro millones de personas desplazadas han regresado a sus lugares de origen, principalmente a Jartum, pero el retorno no supone el fin del calvario. La subdirectora general de la OIM declaró desde la capital sudanesa «regresar a casa debería marcar el comienzo de la recuperación, pero en el Sudán de hoy es a menudo el inicio de otra lucha por la supervivencia«.
La mayoría encuentra hogares destruidos, munición sin explotar en los patios y una infraestructura crítica —agua, salud, electricidad— gravemente dañada o inexistente. La OIM solicita 277 millones de dólares para asistir a las poblaciones más vulnerables en Sudán y países vecinos, y advierte que, sin inversión urgente para restaurar servicios esenciales y reconstruir infraestructuras, los retornos no serán sostenibles.
Mujeres, niñas y niños: los más castigados
Las mujeres y la infancia pagan el precio más alto. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) documenta que la violencia sexual se utiliza de forma sistemática como arma de guerra, con un marcado componente étnico y de género. En El Fasher, capital de Darfur del Norte, la ONU ha descrito la violación como «un arma de guerra sistemática». El largo asedio a esa ciudad ha hecho saltar las alarmas sobre un posible genocidio, dada la destrucción física de comunidades no árabes, principalmente de las etnias zaghawa y fur. Durante 2025, el número de víctimas mortales duplicó el del año anterior, debido en gran parte al incremento del uso de drones en zonas densamente pobladas.
El impacto sobre la infancia alcanza cotas históricas. UNICEF reporta que solo en el primer trimestre de 2026 al menos 160 niños fueron asesinados y 85 mutilados —un aumento del 50 % respecto al mismo periodo de 2025—. El 78 % de las víctimas infantiles se atribuye a ataques con drones. Más de cinco millones de menores han sido desplazados en múltiples ocasiones, y 13 millones están fuera de la escuela.

El drama de la diáspora y la brecha de asilo
Fuera de Sudán, la situación de las personas refugiadas es igualmente precaria. ACNUR reporta que en 2025, la financiación disponible por refugiado al mes era de solo 4 dólares, una caída drástica respecto a los 11 dólares de 2022. Egipto, que acoge al mayor número de personas que huyen de Sudán —con su registro de refugiados casi cuadruplicado desde 2023—, ha visto cómo ACNUR cerraba dos de sus tres centros de registro por falta de fondos.
CEAR por su parte recoge en su informe de 2024 que, pese a la magnitud del desplazamiento, la Unión Europea recibió tan solo 17.500 peticiones de asilo sudanesas en 2025, de las que únicamente 190 llegaron a España. La ausencia de vías legales y seguras empuja a más personas a rutas peligrosas: Noticias ONU informa de que el número de refugiados sudaneses que llegó a Europa casi se triplicó en 2025, y que en ese mismo año casi 8.000 migrantes murieron o desaparecieron en rutas migratorias de todo el mundo.
Una respuesta críticamente insuficiente
La brecha entre necesidades y recursos es alarmante. El Plan de Respuesta Humanitaria 2025 para Sudán, dotado con 4.200 millones de dólares, está financiado en menos del 15 %. UNICEF ha recibido solo el 16 % de los 62,9 millones de dólares que necesita para 2026. «Las necesidades superan nuestra capacidad de respuesta, y esa brecha se mide en vidas humanas», afirmó Amy Pope, directora general de la OIM.
Los impactos del cambio climático agravan la situación. Lluvias torrenciales, inundaciones y calor extremo han empeorado la inseguridad alimentaria y aumentado el riesgo de enfermedades en comunidades que ya lidian con los efectos del conflicto y el desplazamiento.
La respuesta de las socias ASONGD
Fundación Entreculturas: educación en medio del conflicto
Nuestra socia Fundación Entreculturas trabaja sobre el terreno a través del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS). En Chad, principal país de acogida, JRS centra su labor en la protección de la infancia y la continuidad educativa para niñas, niños y jóvenes desplazados. En Sudán del Sur, acompaña a personas retornadas mediante apoyo psicosocial, salud mental y procesos de recuperación. Entreculturas recuerda que el 54 % de las escuelas en Sudán se encuentra en zonas de conflicto, lo que afecta a más de 12 millones de estudiantes.
Médicos del Mundo: trabajo en Sudán e informe sobre cooperación

Nuestra socia Médicos del Mundo trabaja en Sudán del Sur desde hace ocho años junto al Ministerio de Salud local, proporcionando atención primaria y salud mental a una población sometida a múltiples crisis simultáneas. Desde que comenzó el conflicto en Sudán, más de un millón de personas ha llegado a Sudán del Sur, que enfrenta su propia emergencia: sin capacidad para atender a las más de 500.000 personas refugiadas que alberga y con un brote de cólera en expansión.
Junto a Medicusmundi, Médicos del Mundo ha publicado el Informe 2025 La Salud en la Cooperación al Desarrollo y la Acción Humanitaria, que alerta del desplome de la Ayuda Oficial al Desarrollo. En 2024, la ayuda humanitaria mundial cayó un 35,8 %, situándose en apenas 15.500 millones de dólares —muy por debajo de lo necesario para responder a crisis de la magnitud de la sudanesa—.
Farmamundi: medicamentos y logística humanitaria en Sudán

Farmamundi interviene en Sudán a través de su especialización en logística farmacéutica humanitaria. En 2025, la organización realizó 199 envíos humanitarios con más de 121 toneladas de medicamentos y material sanitario a contextos de alta complejidad, entre ellos Sudán. Para superar las barreras de acceso que impone el conflicto, Farmamundi ha utilizado el puente aéreo humanitario de la Unión Europea (plataforma HULO), que permite hacer llegar suministros médicos a zonas donde las rutas convencionales están bloqueadas o son inseguras.
Entre las intervenciones más recientes, Farmamundi coordinó un envío específico de 1.686 kg de kits de cólera —con medicamentos y material sanitario— hacia Sudán a través de la entrada por Chad, en apoyo a la organización INTERSOS. Esta acción ilustra el modelo de trabajo de la organización: logística farmacéutica especializada que refuerza la capacidad de otras entidades humanitarias en terreno. «Este mecanismo supone un paso adelante en la logística humanitaria farmacéutica y refuerza la capacidad de Farmamundi para apoyar no solo nuestros propios programas, sino también los de otras organizaciones, ofreciendo una vía logística segura, gratuita y con llegada a destinos donde los canales convencionales no siempre son viables», explica la directora de Logística Humanitaria, Tania Bastida.
La Conferencia de Berlín: una oportunidad que no puede desaprovecharse
El 15 de abril de 2026, Alemania y la Unión Africana coorganizaron en Berlín la tercera conferencia internacional sobre Sudán. El objetivo era movilizar ayuda humanitaria y apoyar los esfuerzos de paz. Las organizaciones advirtieron de que se trataba de una oportunidad crítica y exigieron que se tradujera en acciones inmediatas.
Sus demandas principales fueron cuatro: protección para la población civil; acceso humanitario sin restricciones; financiación suficiente, flexible y predecible para organizaciones locales e internacionales; y una diplomacia humanitaria activa. «Los líderes que se reúnen en Berlín deben ir más allá de las discusiones en salas de juntas y garantizar avances reales tanto hacia la paz como hacia un aumento urgente de la financiación«, advirtió una portavoz de Oxfam. El pueblo sudanés, señalaron las organizaciones, no puede permitirse más reuniones que no logren poner fin al conflicto ni al sufrimiento.


